—“Es tu esposa. Es tuya. Disfrútala hasta que te canses de ella.” ¿Eso se le dice a un hijo de diez años, suegra?
El pequeño esposo titubea.
Su rostro está cubierto de escamas semejantes a las de una serpiente, y sus manos llevan cicatrices de quemaduras. Y ella lo cuida con total devoción.
—“Sigue comiendo. Necesitas comer mucho para crecer más que yo.”
—“¿D-¿Debo ser más alto que mi esposa?”
—“……”
—“Me… me gusta cuando eres más alta que yo, Cheria…”
Tal vez ella se entregó demasiado. El esposo gentil con quien compartía momentos de sanación desaparece, y en su lugar surge alguien un poco inquietante.
—“¿Está muerto? Eso facilita las cosas.”
—“…¿Disculpa?”
—“…Cualquiera que hable de la vida como si fuera un insecto es basura.”
¿Está poniéndome a prueba… o solo finge?