“Por orden del rey de Nieta, que traigan a la princesa del reino. Regresaré al Imperio junto a ella.”
En el momento en que me convierto en rehén del Imperio, recuerdo mi vida pasada.
Este lugar es el mundo de una historia de crianza ambientada en el palacio imperial… y yo soy la madre de la protagonista.
La típica madre de estos relatos, la que muere justo después de dar a luz.
No quiero morir, así que intento escapar… pero apenas salgo del establo, me atrapan.
“Así que mi rehén intentaba huir.”
Y no cualquiera, sino el mismísimo emperador del Imperio.
Que me arrastraran de vuelta y terminara convertida en emperatriz no era algo que pudiera evitar.
Así que decidí pasar desapercibida y convertirme en una emperatriz olvidada.
“Vas a dormir conmigo, en la misma cama. Tú y yo.”
Pero entonces… ¿por qué el emperador sigue apareciendo en mis aposentos? ¿No tiene nada mejor que hacer?
La emperatriz viuda se pone a llorar cada vez que me ve, diciendo que le recuerdo a su juventud.
El emperador, en cambio, insiste en que no vaya a verla.
Como parecía que madre e hijo no se llevaban bien, traté de reconciliarlos, pero…
“Si Su Majestad te trata mal, dímelo en secreto. Yo me encargaré de ayudarte.”
Bueno, que la emperatriz viuda haya recuperado el cariño de su hijo está bien, supongo.
“Jamás me he encariñado con nadie… pero contigo no puedo dejar de mirarte.”
¿Y este emperador tan guapo por qué de repente me mira así, con esos ojos brillantes…?
De verdad quiero escapar.
Si tengo un hijo con este hombre, todos serán felices… menos yo.
Pero entonces, ¿por qué no puedo dejar atrás a este hombre que susurra que se siente solo?