De camino a casa, Sang-ah es secuestrada… y asesinada.
Mientras su visión se desvanece, alcanza a ver cómo el brazalete desaparece de su muñeca—el mismo con el que pidió un deseo, suplicando poder tener a la persona que siempre había anhelado.
Con ese recuerdo como lo último que le queda, Sang-ah despierta seis meses en el pasado.
Su muerte ya está marcada. No hay tiempo que perder.
En cuanto abre los ojos, toma una decisión.
Su “padre”, Lee Sung-hyun—no tienen ningún lazo de sangre, ni una sola gota.
Va a hacer que sea suyo.