Llevaba tres años siendo una fan incondicional del héroe cuando, de repente, fui atrapada con las manos en la masa por su padre: el tiránico y excesivamente protector duque Hades Louvremont.
—“Una persecución incansable, regalos costosos, y ahora has viajado sola hasta el norte sin importar tu propia vida…”
—“Lo siento. No tengo excusas.”
—“Muy bien, me rindo. Tu devoción es innegable.”
—“…¿Usted también lo cree? Incluso yo admito que esto es la máxima expresión de devoción.”
—“Muchas mujeres me han perseguido, pero ninguna con tanta persistencia como tú. Estoy impresionado. Celebremos la boda. Lo antes posible.”
—“Ah… sí. Aceptaré mi destino.”
Silencio.
—“¿Perdón… qué?”
¿Acaba de decir lo que creo que dijo?
Con una sonrisa burlona ante mi rostro paralizado, el duque dio el golpe final:
—“He dicho que me casaré contigo.”
Vaya… el padre del héroe tiene el ego por las nubes.