Cuando era niño, cayó en un lugar extraño dentro de sus sueños.
Allí, en ese mundo misterioso, aparecía convertido en un adulto, usando ropa desconocida y una máscara en el rostro.
“Bien, es hora de lanzar los dados.”
Así comenzaba el juego dentro del sueño: “El Mundo de la Eternidad”.
Lo que al principio parecía solo un juego terminó convirtiéndose en destino, en vida… quizá incluso en la esencia misma del mundo.
Lanzar los dados junto a desconocidos era divertido. Se sentía feliz allí.
Hasta que dejó de ser un jugador… y se convirtió en una pieza dentro del tablero.