Durante mucho tiempo, ella ocultó sus verdaderos deseos para no decepcionar al hombre que amaba. Su matrimonio parecía perfecto, especialmente porque su esposo siempre la trataba con cariño y dedicación.
Pero cuanto más la cuidaba él, más difícil le resultaba a ella ignorar lo que sentía en su interior.
Hasta que un día, todo lo que había estado reprimiendo salió de golpe… y, para su propia sorpresa, esos sentimientos no se dirigieron a su esposo, sino a alguien mucho más cercano de lo que esperaba: su secretario.