Maya y yo estamos intentando formar una familia, pero con el tiempo, nuestro deseo de tener un hijo comenzó a sentirse más como una obligación que como una experiencia compartida. Esto poco a poco creó distancia entre nosotros.
Un día, un compañero de trabajo me habló de una idea llamada “juego de confesiones”, que consiste en expresar los sentimientos con sinceridad y sin esconder lo que uno piensa.
Esa noche decidí intentarlo y le dije a Maya: “Te quiero”. Para mi sorpresa, sus sentimientos cambiaron por completo. Cuanto más hablábamos con sinceridad, más cercana se volvía nuestra relación.
Poco a poco, comenzamos a recuperar el cariño y la emoción de los primeros días de nuestro matrimonio, como si volviéramos a vivir nuestra luna de miel.