Después de salvar otro mundo, regresé a mi cuerpo original… solo para descubrir que el “perro rabioso” del imperio, Lexion, se había convertido en un pervertido tentador que exigía azotarme el trasero.
Yo temblaba de miedo ante ese hombre que parecía lo bastante furioso como para retorcerme el cuello en cualquier momento, cuando de pronto apareció un mensaje del sistema que creí que jamás volvería a ver:
[Mensaje del Sistema] Ha comenzado una Misión del Destino. Recibe un azote del Destino (0/100).
Mis dudas duraron poco. Mi cuerpo, que había cambiado debido al intercambio de almas, reaccionaba con una sensibilidad extrema al tacto de Lexion. Y Nadia, que jamás siquiera había tomado la mano de un hombre, terminó pasando días en los que sentía que la carne y los huesos le ardían sin descanso.
Una vida que no solo parecía M… sino que realmente lo era.
“¿¡Soy M?!”