—Tienes el don de volver loca a la gente.
Un matrimonio que empezó sin amor. Siempre hubo una distancia invisible entre ella y él.
Cuando surgía un problema, él la abrazaba como si fuera un hábito, una forma torpe pero silenciosa de “consuelo”.
Pero para él, todo parecía terminar siempre en el mismo punto: el trabajo.
—Resiste. Lo has hecho bien hasta ahora. Nada va a cambiar.
La única persona en la que ella quería apoyarse en esa casa… se estaba convirtiendo en su mayor dolor.
—…Divorciémonos.
Un último anuncio, una decisión definitiva.
Ella confiesa demasiado tarde que lo amó durante años. Pero él no responde.
Vivían en el mismo lugar, pero en tiempos distintos. Y la distancia entre ellos ya era demasiado grande.