Ariana, nacida en un matrimonio arreglado por intereses políticos, no fue más que una herramienta, utilizada y maltratada por su propia familia durante toda su vida. El día de su vigésimo octavo cumpleaños, murió de forma trágica, anhelando un amor que nunca llegó.
Tal vez por compasión, una fuerza misteriosa la envía de regreso a cuando tenía dieciséis años. Al reflexionar sobre el doloroso pasado que vivió, Ariana hace un juramento:
«No volveré a suplicar por amor. Nunca amaré ni seré amada otra vez».